Noticia de «La Nueva España»

Así reza el titular de la noticia aparecida en el periódico asturiano «La Nueva España«, sobre el último descubrimiento realizado por astrofíscos asturianos (en el que un servidor está muy orgullo de colaborar con ellos), de 24 exoplanetas potencialmente habitables. Y casi puedo adelantar que habrá más noticias pronto.

Exoplanetas…ya hemos hablado de ellos, de los diferentes tipos que hay, grandes, rocosos, gaseosos, etc. Mundos fuera de nuestro sistema solar, los cuales pasaron de ser a una vaga esperanza de existencia, a una frenética búsqueda de esos parámetros que nos puedan confirmar (más bien suponer) la existencia de vida. Biomarcadores, esos elementos químicos que pueden tener relación con la vida, algo muy similar a la noticia del descubrimiento de fosfina en Venus. Pero para encontrarlos, hay que saber buscar en el lugar adecuado, planetas que no estén muy cerca ni muy lejos de sus estrellas anfitrionas, que estén en las zonas de habitabilidad de cada una de ellas.

Listado de los exoplanetas descubiertos.

Pues eso es lo que han realizado mis compañeros Enrique Díez, Juan Menéndez, Javier de Cos, Sergio Suárez, Rubén Muñiz, Laura Bonavera, Francisco García, Amadeo Castro y un servidor. Astrofísicos del Instituto universitario de Ciencias y Tecnologías Espaciales de Asturias (ICTEA), y 7 más restantes de la NASA, el MIT, el Caltech y de la Universidad de Japón.

Para ello se han servido de los datos obtenidos por el satélite Kepler, que escudriña el cielo, en campañas de 90 días, analizando la luz de las estrellas para intentar captar los débiles tránsitos (eclipses) que generan los exoplanetas en sus estrellas anfitrionas. Con ello se pueden determinar las características del planeta, y tal vez en un futuro cercano, analizar la atmósfera de aquellos que la tengan, para descubrir los ansiados biomarcadores.

Telescopio en la sede del ICTEA

Así pues, si alguna vez visitan Oviedo, piensen que desde lo alto de la Escuela de Minas, desde las oficinas (y telescopio) del ICTEA, observamos las estrellas con la esperanza de encontrar otros mundos habitables o con vida, aún sabiendo que nunca los podremos visitar.