Detalle de los fragmentos del cometa C/2019 Y4 (ATLAS) observado mediante el Telescopio Espacial Hubble el 20 de Abril de 2020 (David Hewitt, HST, NASA, ESA).

Los cometas, recuerdos congelados de la formación del Sistema Solar que orbitan mucho más allá de las órbitas de Plutón y demás objetos transneptunianos, concretamente en la Nube de Oort, a distancias de entre 10.000 y 50.000 UA (1 Unidad Astronómica es la distancia entre la Tierra y el Sol 150.000.000 kms). Debido a las débiles fuerzas de mareas, choques…de vez en cuando, de manera aleatoria, alguno de estos cuerpos comienza adentrarse hacia el interior del Sistema Solar, atraído por la gravedad solar, y a desarrollar esa famosa «cola».

Los Telescopios TAR-1 y TAR-2 en el Observatorio de Teide (José J. Chambó).

El 28 de diciembre de 2019, la red de telescopios ATLAS (Asteroid Terrestrial-Impact Last Alert System) descubría un débil cuerpo de magnitud 19, nada destacable de los numerosos que descubren. Se le catalogó como C/2019 Y4, uno más de la lista. Pero como en todas las listas, hay uno que con el paso del tiempo, comienza a destacar…y fue éste.

Ya en los primeros compases habituales de estudio, como es el trazar la órbita del cometa para saber si será hiperbólico (un sólo paso por el Sol para acabar expulsado del Sistema Solar) o elíptico (con órbita periódica), indicaba que era un fragmento del Gran Cometa C/1844 Y1, el cual alcanzó magnitud 2 y una cola de hasta 15 grados de longitud observable a simple vista en los anocheceres de los primeros días de enero de 1845. La fragmentación del «cometa padre» podría haber sucedido 4.000 años atrás, según la órbita recalculada del C/1844 Y1. ¿Estaría al nivel de su progenitor?…

Imagen del cometa C/2019 Y4 (ATLAS) obtenida el 22 de Marzo de 2020 por el Telescopio TAR1 (Miquel Serra-Ricart, José J. Chambó, Observatorio del Teide, IAC).

Pues todo indicaba que sí. Desde inicios de año el interés a ido creciento al igual que su brillo (alcanzando magnitud 8 en marzo y siendo observable con prismáticos) y las espectativas de encontrarnos, en mayo en su paso más cercano a la Tierra, al cometa más brillante en las dos últimas décadas. La llegada del Covid-19, obligaba a cerrar las instalaciones científicas de todo el mundo, quedando la astronomía en manos de los amateurs durante los siguientes días. Y no defraudaron. Las mediciones de los aficionados comenzaron a mostrar unos datos inusuales de incremento de brillo…el núcleo del cometa comenzaba a fragmentarse.

Fragmentación del cometa C/2019 Y4 (ATLAS), fotografiado el 11 de Abril de 2020 remotamente desde Mayhill, New México (José J. Chambó).

Los cometas, constituidos por bloques poco cohesionados de material volátil, la desintegración es uno de los destinos finales. En cada aproximación al Sol, su estructura se debilita debido a la sublimación de los gases contenidos, y a las fuerzas de marea provocadas por la potente gravedad del Sol. La belleza de todo este proceso es la formación de las largas colas características de los cometas.

El telescopio permitió distinguir aproximadamente 25 fragmentos del cometa el 23 de abril. (NASA, ESA, D. Jewitt, Q. Ye)

Diferentes observadores pudieron seguir cómo los fragmentos del cometa iban separándose y, a su vez, disgregándose en otros fragmentos menores. El Telescopio Espacial Hubble los observó con detalle los días 20 y 23 de abril. Y los últimos estudios apuntan a que la fragmentación sucedió a gran distancia heliocéntrica y no en estos momentos de mínima distancia al Sol, por la disposición y evolución de los fragmentos, en paralelo y no a modo de “tren de fragmentos”. Los fragmentos de cualquier cometa que se desintegra, siguen la misma órbita del objeto original y apenas se separan unos pocos miles de kilómetros.

Así que hacia finales de mayo tal vez podamos ver, con prismáticos, el corazón roto del cometa C/2019 Y4 ATLAS.

Animación de tomas del Hubble