Movimientos para la protección de las especies, de los habitats, incluso de los cielos respecto a la Contaminación Lumínica. Movimientos que desgraciadamente para algunas especies han llegado demasiado tarde. Otros como la Contaminación Lumínica parece que también llegaremos tarde. Y en muy poco tiempo le tocará al Espacio.

Pero el Espacio es enorme, infinito…¿qué más dá no?. No, no da igual, y menos si llenamos de basura nuestro entorno inmediato de La Tierra. Esa zona donde el progreso, la evolución tecnológica ha situado multitud de satélites que nos permiten la predicicción climática, la investigación del Universo, las telecomunicaciones. Un lugar virgen que el Sputnik, allá en 1957 de la mano de la Unión Soviética, descubrió para toda la Humanidad. Desde entonces hemos ido «contaminando» con la colocación de más satélites y estaciones espaciales; misiones que, si no sufren accidentes, la mayor parte se desintegran en la atmósfera al final de su vida útil.

Evolución de la basura espacial desde el Sputnik. (ESA)

Aún así, cada vez hay más residuos orbitando sin control. Y el Hubble es un claro testigo de este problema.

En la segunda misión de mantenimiento del telescopio (recordemos la primera en 1993, al poco de comenzar, para la reparación de la «miopía»), se sustituyeron los paneles tras 9 años de uso. Y en ellos se encuentran pruebas únicas de su actividad durante la estancia en el espacio. Microimpactos de meteoritos y de partículas de origen humano. La mayor parte de estas pequeñas partículas tienen tamaños que van de micrómetros a un milímetro, las cuales en principio no parece mucho, pero recordemos que tanto Hubble como estos minúsculos fragmentos viajan a 7,6 km/s con relación a la Tierra.

Impactos en los paneles del Hubble (ESA)

Sin embargo, si subimos el tamaño de estos fragmentos a 1-10 cm, que son demasiado pequeños como para catalogarse y rastrearse desde tierra, pero bastarían para destruir un satélite entero. A la altitud de operación del Hubble, la probabilidad de colisión con uno de estos objetos se ha duplicado desde principios de los años 2000, pasando del 0,15 % al 0,3 % al año. En la actualidad se están lanzando algunos satélites cuya órbita no se puede modificar. Así, al finalizar su vida útil no se pueden maniobrar, sino que pueden insertarse en altitudes relativamente bajas para que, con el tiempo, la atmósfera terrestre los atraiga y acaben desintegrándose. Estas altitudes incluyen la región en la que se halla Hubble.

Constelaciones de satélites en proyecto. (Space News)

Y el gran peligro ya se está desplegando. Constelaciones de satétiles, miles de ellos, para internet de banda ancha, tienen la vista puesta en esta región. Y no digamos la contaminación visual del cielo astronómico, por la cual, ya se están levantando voces de los profesionales y aficionados, por tener un cielo lleno de «estrellitas en movimiento». Previsiblemente de aquí a diez años, el cielo estrellado desaparecerá tal y como lo conocemos.

Trazas de las primeras constelaciones de satélites.
El círculo blanco representa el tamaño de la Luna. (Le-Monde, R.Hevia)

«Las personas que pertenecen a las generaciones futuras tienen derecho a una Tierra no contaminada y sin daños, incluidos los cielos puros; tienen derecho a su disfrute como la base de la historia humana de la cultura y los lazos sociales que hacen que cada generación e individuo sea miembro de una familia humana». Declaración de 1994 de la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura).

La historia ya nos recuerda que el progreso, no justifica la destrucción de nuestro entorno. No todo vale. Y me temo que una vez más, el ser humano será consciente tarde…cuando ya no haya solución.