Superficie de la cara oculta de la Luna
CLEP/CNSA

Lejos quedan esos tiempos en los que la «Carrera Espacial» estaba en manos de las dos superpotencias mundiales, Estados Unidos y la Unión Soviética. En 1959 la sonda soviética Luna 3 fotografió la cara oculta por primera vez. Ahora, acabada la Guerra Fría, otras naciones empiezan a buscarse un hueco en ser una de esas que pueden sostener o realizar por sí sólos un programa espacial. Y de entre esas naciones «emergentes» está China, consiguiendo ser el primer país en aterrizar con éxito en la cara no visible de la Luna. Y si fuera poco por eso, en ser los primeros en conseguir un detallado análisis del subsuelo de la superficie lunar.

Cara visible (izq) y cara oculta (der)
NASA

La nave Chang’e 4 se posó el día 3 de enero de 2019 en la cuenca Aitaken, que con 2.500 kilómetros de diámetro es uno de los mayores cráteres de impacto del Sistema Solar. Un lugar cerca del polo sur de la Luna, con dificultades de comunicación directa con la Tierra, debido al acoplamiento de marea entre ambos astros, por lo que para ello han usado un satélite en órbita lunar a modo de repetidor. De dicha nave se desplegó un rover, el Yutu-2, que comenzó a recorrer el cráter, encontrando los restos de un antiguo océano de lava que cubría todo el satélite.

El rover Yutu-2 recorriendo la superficie lunar.
GRAS

El origen de la Luna se remonta 4.500 millones de años atrás, cuando un objeto del tamaño de Marte, colisionó con una Tierra también en proceso de formación, fundiéndose los restos del impacto hasta formar el satélite actual. Debido a eso, la Luna estuvo recubierta por un océano de roca fundida.

El vehículo, mientras surca la superficie de la Luna, va analizando el subsuelo con el radar de alta frecuencia con el objetivo de obtener una estructura detallada de los diferentes estratos del terreno en la cara oculta. Este tipo de estudios permiten conocer mejor la historia de impactos y desvelar las posibles reservas de minerales como la ilmenita, mineral del que pueden extraerse hierro, titanio y oxígeno para abastecer la exploración o bases humanas en la Luna.

Espesor de la corteza lunar. Se aprecia en la parte inferior de la imagen de la derecha, el cráter de impacto Aitken, lugar del alunizaje de la Chang’e 4.
NASA

Los resultados muestran que hay una primera capa de material muy fino que llega hasta los 12 metros de profundidad. Son rocas pulverizadas por los meteoritos y la radiación solar. Esta composición ha permitido que las ondas hayan penetrado mucho más, en comparación con los escasos dos metros que conseguirían en la Tierra debido a la presencia de agua. Le sigue una segunda capa hasta los 24 metros donde aparecen rocas de entre medio metro y dos metros de largo. Esta segunda capa, la relacionan con los escombros levantados hace 3.200 millones de años por el meteorito que formó el cráter Finsen, muy cerca de la ubicación actual del robot. Las ondas de radar llegan hasta la tercera capa marcando una cota de 40 metros de profundidad. Aquí se repite el terreno de tierra fina y rocas, pertenecientes a impactos más antiguos.

Composición de la estructura de la Luna
CNSA/NASA

Y parece que es un aperitivo respecto a lo que tiene la Republica Popular de China. Una quinta misión ya planea en el horizonte para extraer rocas y traerlas a la Tierra y este año pretenden mandar otro rover pero a un lugar mucho más lejano…Marte.

Marte.
ESA