Recreación del exoplaneta K2-18 b, junto a su estrella y K2-18c, el otro planeta del mismo sistema estelar
ESA/Hubble/M.Kornmesser

Pero no lo visitaremos, aún no. Está a 110 años/luz, impensable para el ser humano viajar hasta allí, al menos con la tecnología actual. Pero el hito está consumado. La primera vez que se detecta vapor de agua en un planeta, el cual está orbitando una estrella que no es el Sol, que se encuentra en una zona habitable. Y cómo no…gracias a ese portento de la tecnología que tantas alegrías nos ha dado y que ya afronta la recta final para su jubilación, más que merecida, el HUBBLE.

Telescopio espacial Hubble
NASA/ESA

Todo esto se remonta a 1995, cuando se confirma el descubrimiento del primer planeta orbitando una estrella, 51 Pegasi b. A partir de ahí, más de 4.000 se han confirmado, grandes y pequeños, gaseosos y rocosos, mundos ardientes y congelados, orbitando estrellas enanas y gigantes, tal variedad de posibilidades que nos faltaba un elemento, el elemento, que como seres vivos dependientes de él que somos…el agua, concretamente el vapor de agua. Ello implica la presencia una atmósfera, puede que similar a la nuestra.
Y se descubrió, en 2017, en el planeta GJ 1132b. Pero había un «pequeño» matiz…su temperatura alcanzaba los 370 ºC. Vapor de agua, sí, pero para cocer cualquier vestigio de vida.

Recreación del exoplaneta GJ 1132b, con su caliente atmósfera de vapor de agua.
Dana Berry / Skyworks Digital / CfA (NASA)

Así que se continuó la búsqueda, acotando esos planetas que están en la «zona de habitabilidad», que es nada más y nada menos, que esa zona, en la que en función de la estrella a la que orbiten, está a la distancia adecuada para tener agua líquida en su superficie, es decir, en el caso de nuestro Sistema Solar, desde Venus (zona principalmente caliente) hasta Marte (zona ya más fría). ¿Y la Tierra dónde está? Justo en medio, y vemos los resultados, disfrutamos unas temperaturas, que permiten el agua en estado sólido, líquido y gaseoso. Ello ha permitido el desarrollo de la vida, tal y como la conocemos.

Zonas habitables (verde) en función de la temperatura de la estrella anfitriona. Zonas calientes (rojo) y zonas frías (azul) son incompatibles con la vida tal como la conocemos.
NASA/Kepler Mission/Dana Berry

Pues se ha alcanzado ese objetivo, K2-18b, tipo terrestre, concretamente una Super-Tierra. Tiene un radio de 2,6 veces y una masa de 8,6 veces mayores que la nuestra. Orbita una estrella de tipo enana roja, casi la mitad más fría que el Sol con unos 3400 K, por lo que tiene que orbitar cerca de la estrella para estar dentro de esa zona de habitabilidad. Y lo hace, con tiempo orbital de 33 días, es decir, una año allí, son el equivalente a 33 días terrestres.
Estas condiciones le permiten tener una temperatura de equilibro estimada de entre -8 y + 5 ºC.

Espectro de K2-18b obtenido por el Hubble
Tsiaras et al.

K2-18b fue descubierto en 2015, por el telescopio espacial Kepler, mediante los «eclipses» que se producían en el brillo de la estrella cada 33 días. Tiene otro compañero de sistema, K2-18c, un gigante gaseoso , tipo Neptuno. Pues bien, esos eclipses, han podido permitir que el Hubble analizara la composición de la luz que atraviesa la atmósfera del planeta, revelando su composición química, e indicando la señal molecular del vapor de agua, junto con la del Hidrógeno y Helio. Los autores del descubrimiento, creen que pueden existir otras moléculas, como el Nitrógeno y el Metano, pero por el momento indetectables. El próximo paso es saber el porcentaje de ese vapor de agua.

Representación de la variación de brillo debido al tránsito de un exoplaneta.
NASA Ames

Cuando llegue el relevo del Hubble, el James Weeb Space Telescope, nos permitirá caracterizar las atmósferas de los exoplanetas con más detalle. Y quién sabe, tal vez alguno más cercano tenga una composición similar a la Tierra.